Cómo certificar la evidencia de un videoperitaje paso a paso

Certificar la evidencia de un videoperitaje significa capturar la sesión en origen, asociarle un sello de tiempo cualificado y un hash criptográfico, y documentar la cadena de custodia desde la cámara del dispositivo hasta el expediente. No es una tarea posterior: lo que no se asegura durante la sesión no se recupera después.

La distinción es más práctica de lo que parece. Descargar la grabación de la plataforma y adjuntarla al expediente no certifica nada: acredita que existe un archivo, no cuándo se produjo, dónde ni si sigue siendo el mismo. Esta guía recorre la sesión paso a paso y señala en cada momento qué hay que capturar y por qué.

Antes de la sesión: qué preparar

La calidad probatoria de un videoperitaje se decide en buena parte antes de que empiece la videollamada.

Identificar qué hay que acreditar

No todo lo que se ve en pantalla tiene el mismo peso. Conviene decidir de antemano qué hechos concretos deberá sostener el material: el origen del daño, su extensión, la identidad del bien afectado, el estado previo, la fecha en la que se produjo. Cada uno de esos hechos exige una captura distinta, y algunos exigen más de una.

Comprobar el dispositivo de quien está en el lugar

La persona presente sostiene la cámara, y de su dispositivo dependen la resolución, la estabilidad y los datos de ubicación. Antes de empezar conviene verificar que tiene batería suficiente, cobertura estable y los permisos de cámara y ubicación concedidos. Una sesión interrumpida a mitad obliga a repetir, y una segunda sesión ya no documenta el mismo momento.

Documentar la identidad del interlocutor

Quien muestra el daño debe quedar identificado. En un procedimiento posterior, una grabación en la que no consta quién sostenía el teléfono deja abierta la pregunta más simple de todas: quién estaba realmente allí.

Durante la sesión: la secuencia de captura

El orden importa, porque una secuencia coherente es más difícil de cuestionar que un conjunto de imágenes sueltas.

Del contexto al detalle

La secuencia que mejor resiste es la que va de lo general a lo particular sin cortes: la fachada del edificio, el portal con el número visible, la entrada a la vivienda, la estancia afectada y por último el daño en primer plano. Ese recorrido continuo acredita que el detalle pertenece al lugar mostrado al principio. Si se salta directamente al primer plano, la vinculación entre daño y ubicación queda sin sostén.

Capturar los elementos identificativos

Hay elementos que convierten una imagen genérica en una imagen concreta: el número de bastidor de un vehículo, la matrícula, la placa de un contador, la etiqueta con el número de serie de un electrodoméstico, el número de póliza en un documento mostrado ante la cámara. Son los anclajes que impiden sostener que el material corresponde a otro bien.

Registrar las mediciones en el momento

Las mediciones tomadas sobre imagen tienen valor si consta cómo se obtuvieron. Incluir en el encuadre una referencia de escala conocida, y hacerlo dentro de la propia grabación en lugar de anotarlo aparte, evita que la medición se convierta después en una afirmación sin respaldo.

Dejar constancia de lo que no se ve

Un peritaje remoto tiene límites físicos evidentes: no se levanta un suelo, no se abre un tabique, no se huele la humedad. Hacer constar en la propia sesión qué no ha podido comprobarse protege el informe. Un perito que documenta sus límites es más creíble que uno que los omite y ve cómo la contraparte los descubre después.

Qué convierte la grabación en prueba

Hasta aquí todo es método de trabajo. Lo que sigue es lo que separa una grabación de una prueba certificada.

Adquisición en origen

Adquirir en origen significa que el contenido se captura directamente desde la fuente, la cámara del dispositivo durante la sesión, y se sella antes de pasar por ningún sistema intermedio donde pudiera alterarse. La diferencia con grabar y subir después es la ventana temporal: en el segundo caso existe un intervalo en el que el archivo está fuera de control, y esa ventana es exactamente donde se apoya una impugnación.

Sello de tiempo cualificado y hash

El sello de tiempo cualificado, regulado en los artículos 41 y 42 del Reglamento eIDAS y complementado en España por la Ley 6/2020, aporta la presunción de exactitud de la fecha y de integridad de los datos asociados. El hash criptográfico SHA-256 cumple una función distinta y complementaria: es la huella del archivo, y cualquier modificación posterior, por mínima que sea, produce una huella distinta. Juntos responden a las dos preguntas que abren toda impugnación.

La cadena de custodia documentada

La cadena de custodia es el registro de quién ha tenido acceso al material, cuándo y con qué finalidad, desde la captura hasta la presentación. En un videoperitaje eso incluye la sesión, la persona que capturó, el dispositivo, el momento del sellado, el sistema de almacenamiento y cada descarga posterior. Un informe forense recoge esa secuencia y es el documento que se aporta junto al material.

Después de la sesión: conservar sin romper nada

No reeditar el archivo original

El error más frecuente después de una sesión bien capturada es tocar el archivo: recortarlo para aligerarlo, recomprimirlo para enviarlo por correo, convertirlo de formato para adjuntarlo a un sistema de gestión. Cualquiera de esas operaciones genera un fichero nuevo cuyo hash ya no coincide con el sellado. El original se conserva intacto y las versiones de trabajo se generan aparte, siempre identificadas como tales.

Conservar los metadatos

Los metadatos EXIF de las capturas y los datos de sesión de la grabación forman parte del material probatorio. Muchos sistemas de gestión documental los eliminan al ingerir el archivo, sin avisar. Conviene comprobar qué hace el sistema de destino antes de confiarle el original.

Fijar un plazo de conservación coherente con el riesgo

El plazo de conservación debería medirse por el horizonte de reclamación, no por la política general de archivo. Un daño en construcción puede discutirse años después de la recepción de la obra, y un siniestro del hogar puede reabrirse cuando aparecen daños derivados. Un material certificado que ya no está disponible equivale a no haberlo certificado.

Un ejemplo de secuencia completa

Un siniestro por agua en una vivienda de Valencia. El asegurado declara una filtración procedente del piso superior. La sesión se abre con la fachada y el número del portal, sigue por el rellano y la puerta de la vivienda, entra en el baño afectado y recorre el techo hasta el punto de entrada del agua. El perito pide un plano cerrado de la mancha con una cinta métrica en el encuadre, después una panorámica de la estancia completa y por último el cuadro de la instalación con la etiqueta visible. Antes de cerrar, hace constar que no ha sido posible comprobar el estado de la bajante interior.

Cada uno de esos elementos se captura en origen y queda sellado con el mismo sello de tiempo. Cuando meses después el propietario del piso superior discute el origen de la filtración, el material no se defiende por la habilidad de quien lo aporta: se defiende solo, porque la secuencia acredita el recorrido y el sello acredita el momento.

TrueScreen, the Data Authenticity Platform, aplica este esquema a los videoperitajes remotos certificados. Los fundamentos jurídicos de la modalidad, con los artículos 299.2 y 384 LEC, están desarrollados en la guía sobre qué validez legal tiene un videoperitaje.

Preguntas frecuentes sobre la certificación de un videoperitaje

¿Se puede certificar un videoperitaje después de haberlo grabado?
Se puede sellar el archivo a posteriori, pero eso solo acredita que el fichero existía en ese momento y no ha cambiado desde entonces. No acredita cuándo se produjo la sesión ni qué ocurrió entre la grabación y el sellado. La certificación que resiste una impugnación es la que se aplica en origen, durante la captura.
¿Qué hay que capturar además del daño?
El recorrido que vincula el daño con el lugar: fachada, número del portal, entrada, estancia y por último el detalle, todo sin cortes. Además, los elementos identificativos del bien, como el número de bastidor, la matrícula, la placa del contador o el número de serie del aparato, y una referencia de escala cuando se toman mediciones.
¿Por qué no conviene recortar o recomprimir la grabación?
Porque cualquier reedición genera un archivo nuevo cuyo hash ya no coincide con el sellado, y esa discrepancia es precisamente lo que la contraparte va a señalar. El original se conserva intacto y las versiones de trabajo se generan aparte, identificadas como tales.
¿Conviene dejar constancia de lo que no se ha podido comprobar?
Sí, y dentro de la propia sesión. Una peritación remota tiene límites físicos evidentes: no se levanta un suelo ni se abre un tabique. Hacerlos constar protege el informe, porque un perito que documenta sus límites resulta más creíble que uno que los omite y ve cómo la contraparte los descubre después.
¿Cuánto tiempo hay que conservar el material?
El plazo debería medirse por el horizonte de reclamación, no por la política general de archivo. Un daño en construcción puede discutirse años después de la recepción de la obra y un siniestro del hogar puede reabrirse cuando aparecen daños derivados. Un material certificado que ya no está disponible equivale a no haberlo certificado.
¿Los metadatos forman parte de la prueba?
Sí. Los metadatos EXIF de las capturas y los datos de sesión de la grabación sostienen las afirmaciones sobre momento y dispositivo. Muchos gestores documentales los eliminan al ingerir el archivo sin avisar, así que conviene comprobar qué hace el sistema de destino antes de confiarle el original.

Captura en origen, no después

TrueScreen sella cada captura en el momento en que se produce, con sello de tiempo cualificado eIDAS, hash SHA-256 e informe forense con la cadena de custodia completa.

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